HUMANOIDE ENTRE CABALLEROS El clima era impertinente y esta vez, la pared acostumbrada a soportar sus cavilaciones era fría, el acostumbrado calor reflejado por las piedras apiladas se sentía en contraste como alfileres clavados en sitios estratégicos para hacer sentir la humanidad subiendo por la espina, como cuando resbala un mal recuerdo, la poca prudencia que optó por dejar el abrigo al pie de la cama se burlaba del hombre como tantas veces lo había hecho, viejos conocidos al fin. Confirmó la ausencia a diestra y siniestra, nada mejor que la privacidad para contar los latidos del corazón, el personal ritual de abandonarse unos minutos en el silencio aclaraba la mente para la ceremonia, no sirvió de nada bajar las mangas de la camisa, el frío ya estaba abrazado del cuerpo y del momento, la expresión enrojecida y el chocar de dientes lo clavaron en una vertical inusual para la costumbre y encontró sus pies al clavar valga la repetición, ...