HUMANOIDE
CUANDO SOPLA
EL VIENTO
Sopla el
viento y me sorprende, me obliga a nublar la mirada y cerrar la boca que de
tanto tenerla abierta, me he vuelto artista en arrepentimientos.
Nada se
vislumbra en cercanía, solo me queda el oído, el tacto se perdió de tanto no
tocar, el olfato se perdió en el último jardín y el gusto tiene un regusto a polvo
y a metal.
El viento es más
violento, me parte el rostro en plena plaza,
este mi lugar soñado, deja su huella como si de cepillar madera se tratara,
como si la piel fuera de aserrín, puedo
escuchar mi alma que ha preferido irse para resguardarse por costumbre, mientras
pasa la tormenta; lo supe porque escuché el aleteo que es común cuando las
almas se ausentan, esa costumbre añeja que tienen, prefieren renunciar por un
tiempo de sus responsabilidades terrenales a enfrentar los vientos encontrados,
los contrarios; y es que sucede, que los vientos necios siempre
les causan malestar. A veces las almas
son cobardes, por eso hay que mostrarles todas las clases de viento.
Tantas
sonrisas sin nombre, guardándose, tantos pasos haciendo pausa para acomodarse
el pelo, veo un sombrero rodar, veo a un caballero tras él, me mira y tengo que
explicarle que me he vuelto loco.
Cuando sopla
el viento, de alguna forma el hombre lo respeta, vale más que sea un buen
escuchador y aprenda a entender lo que sabe decir. No puedo moverme a voluntad,
somos instrumento de navegación y quien lo dude, que eche un vistazo al pasado.
Ahora comprendo a las espigas, a los árboles; sin duda son más valientes que
nosotros porque por más que sople el viento, sólo se doblan y en mi saber, es
muy poco probable que se rompan. No son como nosotros en las horas tempestuosas.
Espero que el
viento sea paciente y me deje aquí en medio de todo, mientras extiendo los
brazos un poco, con suerte y se me queda en el cuerpo para congelarme una
sonrisa.
Tormenta eres,
mojas la calma e inundas las calles de este pueblo que soy yo. ¿Cuándo vas a
terminar de llevártelo todo?
La gente
corre, yo no puedo. La gente grita yo estoy mudo. La gente se cubre yo estoy
desnudo. La gente se abraza yo no puedo sentir el toque de alguien mas. La
gente me mira interrogante, yo no puedo devolver la mirada.
Sólo escucho.
Escuchar es más fácil cuando el alma se ha ido por un tiempo a causa del
viento, no les gusta sentir desasosiego.
El tiempo se
ha besado con la lluvia y se han ido, el pueblo esta limpio, este pueblo que
soy yo, ha regresado el alma a cumplir con sus responsabilidades ahora que está
en calma.
Héctor Flores

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