HUMANOIDE

EL GATO EN LA FOTO.
CUENTOS CON OJOS DE GATO
La cámara estaba en una vitrina de anticuario, oxidada, de fuelle quebrado. Nadie la compraba era pesada, inútil, de formato en desuso, grande, de placas de plata infinita. Hasta que la tomó Tomás, fotógrafo sin clientes y con la fe gastada. La colocó en su estudio y, como por impulso, preparó las placas, disparó el obturador que parecía un chillido. El viejo lente verdoso de moho le devolvió un maullido. Un gato.
No había gato en el estudio, pero sí en la foto revelada, un felino blanco sentado sobre la silla. Tomás rió nervioso. Hizo otra foto. Esta vez, el gato estaba en la ventana. Luego, sobre su mesa de trabajo. En cada imagen, distinto, con los ojos clavados en él. El gato no existía en la realidad, pero en las imágenes habitaba con naturalidad, entre entradas de luz y bruma.
Lo inquietante comenzó después. Clientes ocasionales volvían al estudio, reclamando que en sus retratos aparecía “ese gato” junto a ellos, aunque nunca lo habían visto. Pero entonces recordaban algo; un abuelo, una hermana, una casa de infancia, todos con un gato parecido. El animal no arruinaba la foto, la completaba, devolvía un pedazo de historia olvidada.
Tomás terminó por entender, la cámara mostraba el gato de la memoria, la presencia perdida que cada persona necesitaba. Y una noche cuando frente al espejo disparó accidentalmente, vio en la imagen un gato oscuro, sentado sobre sus piernas como un guardián antiguo. No supo si era compañía o advertencia. Pero esa noche durmió sin miedo, abrazado a un recuerdo perdido que por fin tenía forma.
Héctor Flores


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