HUMANOIDE
HERMANAS
GEMELAS
Imagino sus
grandes manos sirviendo de apoyo para sus pequeñas cabezas, los cuerpecillos
sostenidos por sus largos brazos y el corazón inflamado de gusto por el
nacimiento, a la derecha la luz, la esperanza de lo que inicia, a la izquierda
la oscuridad, lo irremediable de lo que termina. Un claroscuro contundente
divide su figura apoltronada en su viejo trono, exactamente en medio de su ser la
línea divisoria de la claridad y la tiniebla, las dos criaturas que se mueven fijando
la mirada en el rostro de su padre y las pequeñas manos que buscan aferrarse a
algo, como si pudieran leer en el rostro que contemplan el sentido de todo, la
sonrisa brota, la respiración es lenta, se imagina la historia futura y el
autor se mece ante la plenitud de la obra terminada. Los limites han sido
establecidos, a partir de ya, existen los dos extremos, los horizontes se
dividen a la izquierda y a la derecha, lo que ha de seguir, es mera
circunstancia. Duermen ahora las dos pequeñas existencias apoyadas en el pecho
de su padre, dentro de él no hay espacio para la duda, conoce perfecto el
argumento que esta a punto de escribirse, conoce el desarrollo de la trama y
por supuesto conoce ya la multitud de finales; sus ojos de todos los colores
ahora las cubren de mirada, al ver a la criatura envuelta en oscuridad no
necesita acostumbrar la vista, observa esa sonrisa franca y no puede evitar
compartirla, conoce la sustancia de la
oscuridad y la temperatura de la luz,
siente un regusto agridulce y besa su pequeña cabeza, una premonición cruza su
mente, las ama a las dos, no hay distingo, en la soledad de su paternidad el
caer de las lágrimas y el estallar de las risas tienen la misma frecuencia,
vuelve a contemplar a las hermanas, idénticas, sólo el que es su padre sabe
distinguirlas, no hay testigos en ese alumbramiento, el padre tiene el derecho
de la intimidad y anonimato en todas sus decisiones, no hay jolgorio, no hay quien venga a conocerles; es él quien
decide cuando suceden las cosas y cuando las puertas se abren o se cierran y decide
también, si sus brazos se cansan o no de arrullarlas ; la recién nacida envuelta
en luz parece esconder una expresión de orgullo y una media sonrisa de
satisfacción se esconde apenas en su pequeña cara, la besa también, ese
sentimiento inigualable de ser padre, ese temblor que recorre el cuerpo al
contemplar por vez primera el pequeño rostro abotagado, acaricia ahora las dos frentes minúsculas; el
regazo de su padre las alberga ahora,
los brazos se han ocupado en dirigir el caos, el rostro maduro sonríe otra vez
y una avalancha de ruidos escapan de su boca ruidos infantiles como los que
hacen todos los padres al deshacer el alma, esos ruidos que se hacen ante la
mirada perdida de todos los recién
nacidos; mimos y caricias, murmullos
para las dos, no importa si la mitad es luz y la mitad es sombra, acaricia con
sus mejillas las de ellas, dos lágrimas les inundan el rostro
al caer y las sacan de la modorra del arrullo. El padre ha cambiado de
expresión, ha levantado la vista para contemplar la nada, es hoy cuando todo
inicia piensa, es hoy cuando todo acaba y al cerrar sus ojos magnánimos posa
sus manos sobre cada frente; imágenes van y vienen, a la derecha abundan las
sonrisas venideras, los abrazos y los buenos augurios, a la izquierda la
penumbra no cesa, marchan los ejércitos, las camas están llenas, y lo que ve, lo hace endurecer el ceño, manos
estrechadas, silencio en los abrazos y palabras que recomponen, besos que se
parecen tanto a despedidas, en la luz se arremolinan las esperanzas largas, en
la oscuridad se extinguen las esperanzas cortas. Unas manos obedientes apartan a las hermanas del regazo de su padre,
es momento de alimentarlas, las dos rompen a llorar y los pequeños ojos buscan
la figura paterna en el camino, coinciden, inclina su cabeza en señal de aprobación, su
mirada las cubre hasta que se pierden en una morada blanca; se recompone en su trono
añejo y es momento de actuar, se han creado los caminos, los argumentos al fin
coinciden, y con un movimiento de mano, todo inicia, los caminos bifurcados
coinciden al final, así lo ha decidido, dos llantos lejanos, la presencia y la
ausencia se han creado, y Él, desde siempre, lo sabe.

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