HUMANOIDE
EL HOMBRE Y
EL TRIBUNAL
La humedad
existente en el viejo tribunal de piedra se sintió como cuchilladas en los
huesos del acusado, en el esfuerzo de abrir los ojos golpeados por tanta
oscuridad una mueca dejó al descubierto el marfil de sus dientes rotos, al
observar de soslayo las ligaduras de sus manos atrapadas, un reflejo lo hizo
mover los pies encadenados el camino al banquillo termina y no puede evitar una
sonrisa apenas que nadie advierte; recorre con sus ojos el amplio salón y se detienen justo encima de las oscuras figuras que tiene delante, el tribunal anuncia el inicio del juicio, levanta
la cabeza y siente en la frente un poco
de aire, las pequeñas ventanas del tribunal abiertas por error le permiten sentir el olor de la tierra en el exterior y
alguna sombra reflejada afuera le advierte
que estaba vivo.
Los cuatro
Inquisidores lo observan en silencio, no escucha los murmullos intercambiados
desde las imponentes sillas de madera y los jueces retiran de sus cabezas las
capuchas que ocultan sus rostros, entre la penumbra, el sonido de pasar de
pergaminos y pliegos cesa al eco de los tres golpes del mallete. Este tribunal entra
en sesión anuncia una voz oscura, el acusado deberá permanecer en silencio a
menos que se le otorgue la gracia de hablar, ha de permanecer en silencio
durante la lectura de los cargos y mientras el colegiado haga uso de la voz, al
terminar el proceso el acusado escuchará la sentencia inapelable de este
honorable tribunal y deberá también guardar silencio en señal de respeto a la
sacralidad e investidura de las altas dignidades que lo presiden; el acusado póngase
de pie para escuchar los cargos que se le imputan; esfuerzo, las manos temblorosas se apoyan en
el banquillo y la figura se yergue aferrada a su esencia, en el viaje advierte
las miradas de sus juzgadores que ahora inclinados hacia adelante intentan
encontrar anticipadamente algún rastro de culpabilidad; se procede a la lectura
de los cargos imputados al acusado, el colegiado que ocupa el lugar central
hace un movimiento con su mano como apartando el viento y otra voz pronuncia: Este
tribunal acusa a este hombre del delito de VOLVER A EMPEZAR, ver a empezar,
empezar, zar.
La
respiración antes apresurada del acusado
es lo único que se escucha en el recinto, llueve afuera, las gotas que se cuelan lo saben, nublado
ahora el horizonte, el acusado advierte el brillo en las miradas que lo
atraviesan, sus manos se encuentran, como estaca en medio de
la sala, sus ojos coinciden con el tribunal y un recuerdo le hace tensar la
espina, mira de frente, hay algo de aplomo, las piernas toman fuerza y ahora el
rostro también es de piedra; el fiscal del tribunal ha de leer nuevamente el
delito que se le imputa para despejar cualquier duda ordena una voz de hierro,
este tribunal acusa a este hombre de cometer el delito de VOLVER A EMPEZAR.
¿Cómo se
declara el acusado? las cadenas interrumpen el silencio de la pausa, el hombre
se incorpora nuevamente sus pulmones se llenan y apoyado en sus propias ropas
levanta la mirada como si buscara el cielo y suena; INOCENTE, SOY INOCENTE el silencio
es un fantasma y los gritos llenan el lugar, sorpresa, blasfemia, y miles de
interrogaciones se vierten sobre él desde las sombras, las miradas inyectadas
por la ira hacen juego con los acusadores dedos que lo señalan; ¿Cómo se atreve
el acusado a semejante insensatez? ¿Es acaso la muerte lo que pide? Inocente de
los cargos de declara sabiendo que le va la vida de por medio, ¿No es usted el
autor de tantos errores? ¿Cómo osa usted declararse inocente de los cargos
sabiendo que hay una historia que irremediablemente le condena?, SOY INOCENTE, ¡Sacrilegio!
¡Blasfemia! Explota el tribunal, las cruces pectorales se agitan en los pechos
de los inquisidores y ahora puestos de pie, todos señalan al hombre; de nada le
sirven sus lágrimas, no tiene usted perdón, usted siempre ha sido como es, lo
conocemos desde niño espetan le espetan los jueces, No tiene perdón, ¿A quien
cree usted que engaña? No hay redención para usted le gritan.
SOY INOCENTE,
he decidido volver a empezar, ¡No! Responde al unísono el tribunal, no es
posible, te conocemos de toda la vida, tus errores y decisiones te preceden, en
este santo tribunal no es posible tanta soberbia de parte de un acusado, que el
altísimo se apiade de tu alma y devuelva la cordura a tu mente; SOY INOCENTE
declara una vez mas el hombre, he decidido volver a empezar, ¡imposible! Este
tribunal declara sumariamente al acusado culpable de todos sus errores, de
todas sus faltas y decisiones, su historia lo precede, no hay nada que pueda
salvarlo de la muerte; YO NO ENCUENTRO CULPA EN ESTE HOMBRE dice una voz detrás
del acusado, dice una voz al fondo del salón, una voz que sale de la oscuridad,
desconocida, firme, fuerte, ¿Quién se atreve a interceder por el acusado en
este tribunal? ¿Quién es usted para hablarnos como si tuviera autoridad?, este infame no tiene derecho a una defensa el
juicio de su propia historia lo condena de por sí, son muchas las voces que lo
señalan como culpable, no tiene perdón, son muchos los dedos que lo señalan, no
tiene remedio, él siempre ha sido así, YO NO ENCUENTRO CULPA EN ESTE HOMBRE, YO
LE PERMITO VOLVER A EMPEZAR dice la voz tras el acusado que siente el aliento
en la espalda, todas las miradas se dirigen al fondo del salón, ERES LIBRE,
PUEDES IRTE; Si tanta autoridad asoma usted ante este tribunal se le ordena dar
la cara y explicar cómo ha logrado entrar; el acusado se pierde por a puerta de
salida, las cadenas y ataduras han quedado iluminadas por la luz de la última
ventana contra el suelo, el cuerpo colegiado se inclina aun mas para ver la
identidad del defensor desconocido, el fiscal le urge a dejar la oscuridad, ¿Quién
es usted? Este tribunal le urge a decir su nombre, ¿Quién es usted se le ha
preguntado?, un rostro conocido emerge, SOY… EL QUE SOY.

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