HUMANOIDE
PENSAMIENTO NOCTURNO A CUALQUIER PERSONA
Cuando la noche llega, de algún modo somos mas humanos, las palabras; las internas crecen y las externas mueren, es entonces cuando la apariencia cae. Se constriye el reino del silencio, dejamos de ser protagonistas y nos unimos a la historia de sonidos de murmullos y de miradas perdidas en el techo, desde niño he pensado que los insomnes se entrelazan por la noche creando telarañas luminosas que caen en la indiscreción, como si todos hubiesemos sido cosidos por los ojos con hilos transparentes que pueden comunicarse. Es como si sesionara noche a noche el club de las verdades, en donde no se admiten mascaras, como si todos los insomnes caminaran afuera de la casa de quien no duerme sin sentido en la acera de enfrente, desfile de rostros sin fingimientos, en donde un solo deseo reemplaza a los que viven sólo a la luz del día. Desde niño me imagino que los deseos que los arrepentimientos y los perdones son la trama y el urdimbre de las sabanas que abrazan el insomnio y que todos los que duermen mal, son mas propensos a hacer el bien y entre los suspiros de auxilio de la noche se recuerda todo, para a la luz del día se miente al no acordarse de nada.
Es entonces cuando en la intimidad de un pensamiento, el espejo de quienes somos nos golpea o nos sonríe. Te volví a engañar tus buenas noches no sirvieron de nada hipócrita,
Por eso amo la noche, porque no hay nada mas sincero; porque los seres humanos deberíamos tener noche en las venas cuando es de noche y no sangre.
Sería saludable cenar diariamente un plato de realidad para más tarde, al dormir; un terrible reflujo de sueños nos alegre la breve muerte que es el acto de dormir.
Por eso el silencio de la noche está tan lleno de ecos de lo que pudo ser, de lo que se fué; de lo que no intentamos.
No hay mas luz mas clara que la de la oscuridad de la noche, es tan cierta y al mismo tiempo tan impredecible; dicotomía de renacimiento diario que baña al nacer en la mañana, el esqueleto de todos pero sólo el alma de algunos.
La vista nocturna es mejor, tan llena de sombras que acaban con nuestra diurna valentía, es ahí cuando todos somos lo que somos; o todo o nada; el calor del trajín se vá para dar paso al frío de la realidad.
Nada como la noche para morir un poco, y cuando la luz llegue; resucitar nuevamente para intentarlo de nuevo aunque cueste trabajo sonreir.
Por eso amo la noche, porque tiene tanto de presagio, de lo que seguramente será como siempre ha sido y al mismo tiempo cada mañana un alma indómita cause la muerte, de lo que nunca debió ser.
Héctor Flores

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