HUMANOIDE

MEMENTO MORIS
Sus largos años de refunfuñador profesional y quejumbroso irredento no habían pasado en vano, su espalda mostraba el encorvamiento natural que causan la acumulación de piedras imaginarias y su rostro estaba ya surcado por las líneas de inexpresión que son naturales en los que son expertos en malvivir. Le estaba dando la oportunidad de su vida al parque cercano a su casa, era el momento propicio para respirar su aire y compartirle un poco de su espíritu, este hombre poseedor de añejas insuficiencias y con doctorado autoproclamado en el ejercicio del monopolio de la razón deslizó sus pasos arrastrados en la grava roja del caminillo bifurcado y encaminó su pedregoso corazón lleno de malditos gobiernos, juicios implacables y necios sin remedio que nunca le habían comprendido, de recuerdos borrosos de largos deseos manoseados, a la única banca existente, al único asiento disponible frente al lago, frente a nadie, el acompañado de él, gracias a la vida que no hay nadie, como siempre.
Ni la ventisca ni la brisa pudo en ese momento desfruncir y enderezar el ceño paralizado en aquel rostro, el frío interno que nunca se había ido le recordaba una vez mas el maldito fastidio de recordar ajustarse el alma y el cardigán para respirar mejor, después de todo, era un hombre de costumbres, todas buenas por supuesto, sólo las suyas lo eran y no cabía la mínima posibilidad de duda respecto a eso, permitirse un sobresalto sería desde ese trono efímero de parque público, una excelente oportunidad para la vida de pagarle, de recompensarle tantos retrocesos y salpicones de banqueta en días de lluvia.
Imbéciles pensó, ¿Quién se había atrevido a no limpiar las hojas ese otoño? muertas en la tierra que el pisaba le producían un crujir de suelas y de oídos apenas comparable con el de sus rodillas gastadas de cargar años, frustraciones y cadáveres de oportunidades nada dignas de su investidura de supervisor general de la humanidad, miró con desprecio la banca cubierta de polvo de medio día al mismo tiempo que su impecable pañuelo blanco abanicaba seguido de algunos improperios para el departamento de limpieza, impregnando el aire a un olor a naftalina, recordando a su madre en aquellos días de inconciencia en el que ella limpiaba las inmundicias de su nariz, y la sal de sus ojos después de la violencia.
Intentó quejarse del canto de los pájaros, pero estos no se lo permitieron debido a esa costumbre que tienen de ignorar a todo el mundo cantando como si todo el mundo fuera sordo, el frío interno compañero permanente le remolinó en su sitio, el reflejo del lago siempre amable y el pregón de un vendedor inconsciente e imprudente como todos le recordaron que estaba vivo y reacomodó el cuello del suéter de lana al que consideraba nuevo desde hacía 12 años, sus costumbres de acumular desde rencores, hasta planes imaginarios que siempre resultaban demasiado poco, era su herramienta de decisión para la vida o muerte de sus pertenencias.
NO LE TENGAS MIEDO A LA MUERTE PUES CUANDO EXISTES, LA MUERTE NO ESTA Y CUANDO LA MUERTE ESTÁ YA NO EXISTES… (Epicteto)
El corazón le dio un salto, golpeó el pecho y toda su existencia y la vertical estoica siempre atendida, se perdió cuando advirtió su grisácea mejilla haciendo juego con la gravilla roja que adornaba el camino, las palabras pronunciadas por el extraño no advertido ahora sentado a su lado interrumpiendo su baño de soledad del mediodía, siempre tan necesario; lo sacaron de su rutina, de su vida, y de sus así debe ser, zapatos, traje de tweed cabello blanco corbata negra en inmaculada camisa almidonada, fuero recorridos desde el piso mientras el polvo se pegaba a sus dientes, el aire algo pasado de moda logró incorporarlo al mismo tiempo que el pañuelo blanco volaba en limpieza de su rostro y quizá en una anhelada señal de rendición.
La presentaciones no fueron necesarias no hubo intercambio de miradas, nuestro héroe se acomodó pesadamente en la orilla de la banca a la diestra del visitante, que perdía la vista en la inmensidad del verde del paisaje y su sombrero de paperboy inglés, pasó de súbito al regazo de nuestro hombre; las dos miradas ahora en horizonte verde se alinearon sin mirarse para iniciar el diálogo sobre entendido; MEMENTO MORIS dijo el Lord, sin apartar la vista del horizonte ahora sombreado por nubes cómplices , advirtiendo el gesto interrogatorio de su estupefacto interlocutor que ahora parecía mas joven, seguramente por la sonroja del ramalazo de sorpresa; le tomo del brazo y fingiendo una mueca parecida a una sonrisa repitió, MEMENTO MORIS, y si, agregó apartando el paperboy gris oscuro del regazo del vecino ahora no tan distante, nos conocemos, DESDE SIEMPRE, SIEMPRE HE ESTADO… a tu lado … SIEMPRE.
El lord se levantó incorporándose de su silla de juez momentaneo, QUITA ESA CARA DE MUERTO AMIGO QUE YA TENDRÁS MUCHO TIEMPO PARA RETOCARLA, HE TERMINADO… POR AHORA, dirigiendo por primera vez un reojo, MEMENTO MORIS repitió, advirtiendo la incontinencia de horror que liberaba el hombre en todos los sentidos manchándo el aire, limpió sus zapatos abotonó el abrigo, pasando por el diminuto nudo Windsor de negro luto, mientras su índice de suave guante apuntaba al ahora infantil entrecejo del individuo en cuestión, MEMENTO MORIS, y por todos los Dioses, ve a asearte en todos los sentidos que puedas, que nunca es tarde para purificar tu cobardía, y con reverencia de por medio…
HF

Comments

Popular posts from this blog

PRIMER CAPÍTULO DE MI NUEVA NOVELA "EL OTRO ROSTRO DE GESTAS"