HUMANOIDE: EL CRUJIR DE LAS VENTANAS AL CERRARSE
EL CRUJIR DE LAS VENTANAS AL CERRARSE
El sonido de las ventanas al cerrarse, me ha parecido siempre el mismo sonido que debe producirse en los ojos cuando los párpados caen de noche, soy un experto en las malas renuncias, y en contraste, me he convertido en un experto en comienzos repetidos. Lo que queda adentro, del otro lado de la ventana cerrada es la materia de la que están hechos los pensamientos que dan cuna a los nuevos pensamientos, seguro estoy que cuando la ventana se cierra con su aparejado estruendo, los latidos se detienen, la cuenta vuelve a cero, el ruido queda afuera, y la tempestad de comenzares, adentro. Es inevitable borrar la sonrisa ante las manos cerrando una ventana, el eco del arrastre queda para siempre y aunque no lo sepa, hay una cuenta acumulativa en la mente que la registra sin darnos cuenta. El tamaño de la ventana en este momento no importa, o si es porque llueve, o porque el aire trae el polvo abrasivo, que llena de capas odiosas las superficies. No lo niego y te invito a hacer lo mismo, reconoces todas las veces que has corrido a cerrar la ventana y en todas, se te ha borrado la sonrisa por un instante porque el sonido puede mas que la razón, todos los nuevos empezares pueden más que la conciencia
He visto inclinarse muchas frentes, al cerrarlas, los pasos cautelosos y a veces acelerados al aproximarse, muchas barbillas sobre el pecho después de consumado el acto para acto seguido, con ojos de brillo no esperado y manos bajas, atravesar la ventana sellada buscando siempre el horizonte, siempre marcando la pausa suspensiva con el reposo de la mano ejecutora en el marco esperando el temblor y las circunstancias para volver a abrirla. Recuerdo la ocasión en que el terregal cayó sobre la casa y en mi displicencia no corrí a cerrarlas, el polvo se metió hasta la conciencia como se meten de vez en cuando los recuerdos guardados en el cajón de lo olvidado, la limpieza precisó ser extrema, y las lagrimas se mezclaban con sonrisas de dientes polvorientos. Deberían existir cursos para enseñar a la gente a cerrar las ventanas a tiempo y a abrirlas a destiempo, porque en el destiempo se abren mejor las ventanas, cuando el clima inesperado nos hace asomar y descorrer para poder ver a contraluz.
Las ventanas sucias son mejores maestras que las limpias, se cierran de manera ruda y ruidosa por la acumulación en el marco, todas las ventanas merecen mas de una segunda oportunidad, lo que hay afuera nunca tendrá nada que hacer con lo de adentro, frio y calor, luz y sombra. Invitaciones permanentes, albedrío doméstico. Nunca ignores el sonido, cuando cierres tu ventana, porque quizá no oigas la invitación.

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